lunes, 12 de noviembre de 2012

El gigante egoísta - Español Ej. y Lec. 4to grado

La historia del gigante que no quería que los niños jugaran en su jardín.





El gigante egoísta es un cuento de hadas escrito por el poeta, escritor y dramaturgo británico-irlandés Oscar Wilde (1854-1900). Fue publicado por primera vez en 1888 en la colección El Príncipe Feliz y otros cuentos junto a otros cuatro cuentos del autor y escrito dos años después de haber nacido su último hijo.

Y al igual que con otros cuentos publicados en nuestros libros, este también fue resumido y no nos pusieron el final original, en donde es develada la identidad del niño que quería subir al árbol (quedé sorprendido) y podemos conocer el destino del gigante bondadoso. Aqui el cuento completo:

El gigante egoísta

Todas las tardes al volver del colegio tenían los niños la costumbre de ir a jugar al
jardín del gigante.
Era un gran jardín solitario, con un suave y verde césped. Brillaban aquí y allí lindas
flores sobre el suelo, y había doce melocotoneros que en primavera se cubrían con una
delicada floración blanquirrosada y que, en otoño, daban hermosos frutos.
Los pájaros, posados sobre las ramas, cantaban tan deliciosamente, que los niños
interrumpían habitualmente sus juegos para escucharlos.
-¡Qué dichosos somos aquí! -se decían unos a otros.
Un día volvió el gigante. Había ido a visitar a su amigo el ogro de Cornualles,
residiendo siete años en su casa. Al cabo de los siete años dijo todo lo que tenía que
decir, pues su conversación era limitada, y decidió regresar a su castillo.
Al llegar, vio a los niños que jugaban en su jardín.
-¿Qué hacéis ahí? -les gritó con voz agria.
Y los niños huyeron.
-Mi jardín es para mí solo -prosiguió el gigante-. Todos deben entenderlo así, y no
permitiré que nadie que no sea yo se solace en él.
Entonces lo cercó con un alto muro y puso el siguiente cartelón:
QUEDA PROHIBIDA LA ENTRADA
BAJO LAS PENAS LEGALES CORRESPONDIENTES
Era un gigante egoísta. Los pobres niños no tenían ya sitio de recreo. Intentaron
jugar en la carretera; pero la carretera estaba muy polvorienta, toda llena de agudas
piedras, y no les gustaba. Tomaron la costumbre de pasearse, una vez terminadas sus
lecciones, alrededor del alto muro, para hablar del hermoso jardín que había al otro
lado. Entonces llegó la primavera y en todo el país hubo pájaros y florecillas. Sólo en
el jardín del gigante egoísta continuaba siendo invierno.
Los pájaros, desde que no había niños, no tenían interés en cantar y los árboles
olvidábanse de florecer.En cierta ocasión una bonita flor levantó su cabeza sobre el
césped; pero al ver el cartelón se entristeció tanto pensando en los niños, que se dejó
caer a tierra, volviéndose a dormir. Los únicos que se alegraron fueron el hielo y la
nieve.
-La primavera se ha olvidado de este jardín -exclamaban- Gracias a esto vamos a
vivir en él todo el año.
La nieve extendió su gran manto blanco sobre el césped y el hielo revistió de plata
todos los árboles. Entonces invitaron al viento del Norte a que viniese a pasar una
temporada con ellos. El viento del Norte aceptó y vino. Estaba envuelto en pieles.
Bramaba durante todo el día por el jardín, derribando a cada momento chimeneas.
-Éste es un sitio delicioso -decía- Invitemos también al granizo.
Y llegó asimismo el granizo. Todos los días, durante tres horas, tocaba el tambor
sobre la techumbre del castillo, hasta que rompió muchas pizarras. Entonces se puso a
dar vueltas alrededor del jardín, lo más de prisa que pudo. Iba vestido de gris y su
aliento era de hielo.
-No comprendo por qué la primavera tarda tanto en llegar -decía el gigante egoísta
cuando se asomaba a la ventana y veía su jardín blanco y frío-. ¡Ojalá cambie el tiempo!
Pero la primavera no llegaba ni el verano tampoco. El otoño trajo frutos de oro a
todos los jardines, pero no dio ninguno al del gigante.
-Es demasiado egoísta -dijo.
Y era siempre invierno en casa del gigante, y el viento del Norte, el granizo, el
hielo y la nieve danzaban en medio de los árboles. Una mañana el gigante, acostado en
su lecho, pero despierto ya, oyó una música deliciosa. Sonó tan dulcemente en sus
oídos, que hizo imaginarse que los músicos del rey pasaban por allí. En realidad, era un
pardillo que cantaba ante su ventana; pero como no había oído a un pájaro en su jardín
hacía mucho tiempo, le pareció la música más bella del mundo. Entonces el granizo
dejó de bailar sobre su cabeza y el viento del Norte de rugir. Un perfume delicioso
llegó hasta él por la ventana abierta.
-Creo que ha llegado al fin la primavera -dijo el gigante.
Y saltando del lecho se asomó a la ventana y miró. ¿Qué fue lo que vió?
Pues vio un espectáculo extraordinario. Por una brecha abierto en el muro, los niños
habíanse deslizado en el jardín encaramándose a las ramas. Sobre todos los árboles
que alcanzaba él a ver había un niño, y los árboles sentíanse tan dichosos de sostener
nuevamente a los niños, que se habían cubierto de flores y agitaban graciosamente sus
brazos sobre las cabezas infantiles. Los pájaros revoloteaban de unos para otros
cantando con delicia, y las flores reían irguiendo sus cabezas sobre el césped.
Era un bonito cuadro. Sólo en un rincón, en el rincón más apartado del jardín,
seguía siendo invierno.
Allí se encontraba un niño muy pequeño. Tan pequeño era, que no había podido llegar a
las ramas del árbol y se paseaba a su alrededor llorando amargamente.
El pobre árbol estaba aún cubierto de hielo y de nieve, y el viento del Norte soplaba y
rugía por encima de él.
-Sube ya, muchacho -decía el árbol.
Y le alargaba sus ramas, inclinándose todo lo que podía, pero el niño era demasiado
pequeño. El corazón del gigante se enterneció al mirar hacia afuera.
«¡Qué egoísta he sido! -pensó-. Ya sé por qué la primavera no ha querido venir aquí.
Voy a colocar a ese pobre pequeñuelo sobre la cima del árbol, luego tiraré el muro, y
mi jardín será ya siempre el sitio de recreo de los niños.»
Estaba verdaderamente arrepentido de lo que había hecho. Entonces bajó las
escaleras, abrió nuevamente la puerta y entró en el jardín. Pero cuando los niños le
vieron, se quedaron tan aterrorizados que huyeron y el jardín se quedó otra vez
invernal. Únicamente el niño pequeñito no había huído porque sus ojos estaban tan
llenos de lágrimas que no le vio venir.
Y el gigante se deslizó hasta él, le cogió cariñosamente con sus manos y lo depositó
sobre el árbol.
Y el árbol inmediatamente floreció, los pájaros vinieron a posarse y a cantar sobre él
y el niñito extendió sus brazos, rodeó con ellos el cuello del gigante y le besó.
Y los otros niños, viendo que ya no era malo el gigante, se acercaron y la primavera
los acompañó.
-Desde ahora éste es vuestro jardín, pequeñuelos -dijo el gigante.
Y cogiendo un martillo muy grande, echó abajo el muro.
Y cuando los campesinos fueron a mediodía al mercado, vieron al gigante jugando con
los niños en el jardín más hermoso que pueda imaginarse.
Estuvieron jugando durante todo el día, y por la noche fueron a decir adiós al gigante.
-Pero ¿dónde está vuestro compañerito? -les preguntó-. ¿Aquel muchacho que subí
al árbol?
A él era a quien quería más el gigante, porque le había abrazado y besado.
-No sabemos -respondieron los niños-; se ha ido.
-Decidle que venga mañana sin falta -repuso el gigante.
Pero los niños contestaron que no sabían dónde vivía y hasta entonces no le habían
visto nunca.
Y el gigante se quedó muy triste. Todas las tardes a la salida del colegio venían los
niños a jugar con el gigante, pero éste ya no volvió a ver el pequeñuelo a quien quería
tanto. Era muy bondadoso con todos los niños, pero echaba de menos a su primer
amiguito y hablaba de él con frecuencia.
-¡Cómo me gustaría verle! -solía decir.
Pasaron los años y el gigante envejeció y fue debilitándose. Ya no podía tomar
parte en los juegos; permanecía sentado en un gran sillón viendo jugar a los niños.
-Tengo muchas flores bellas -decía-; pero los niños son las flores más bellas.
Una mañana de invierno, mientras se vestía, miró por la ventana.
Ya no detestaba el invierno; sabia que no es sino el sueño de la primavera y el reposo
de las flores. De pronto se frotó los ojos, atónito, y miró con atención.
Realmente era una visión maravillosa. En un extremo del jardín había un árbol casi
cubierto de flores blancas. Sus ramas eran todas de oro y colgaban de ellas frutos
de plata; bajo el árbol aquél estaba el pequeñuelo a quien quería tanto.
El gigante se precipitó por las escaleras lleno de alegría y entró en el jardín. Corrió
por el césped y se acercó al niño. Y cuando estuvo junto a él, su cara enrojeció de
cólera y exclamó:
-¿Quién se ha atrevido a herirte?
En las palmas de la mano del niño y en sus piececitos veíanse las señales
sangrientas de dos clavos.
-¿Quién se ha atrevido a herirte? -gritó el gigante- Dímelo. Iré a coger mi espada
y le mataré.
-No -respondió el niño-, éstas son las heridas del Amor.
-¿Y quién es ése? -dijo el gigante.
Un temor respetuoso le invadió, haciéndole caer de rodillas ante el pequeñuelo.
Y el niño sonrió al gigante y le dijo:
-Me dejaste jugar una vez en tu jardín. Hoy vendrás conmigo a mi jardín, que es el
Paraíso.
Y cuando llegaron los niños aquella tarde encontraron al gigante tendido, muerto,
bajo el árbol, todo cubierto de flores blancas.


Algo trágico el final, supongo que lo omitieron en nuestro libro pues la moraleja que se pretendía dar era principalmente acerca de la bondad y del arrepentimiento y no era necesario detallar la muerte del gigantón.

20 comentarios:

  1. pues lindo saber quien era el niño pero, encontrar tirado al gigante no debió ser muy grato para los niños :S

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  2. me parece haber leído la versión completa en algún lado, hace ya varios años...igual sigue siendo una historia muy bonita :]

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  3. Me he enamorado de tu blog, que lo sepas! Has tenido una idea brillante. Que bueno que alguien recupera esos libros que fueron como bien dices, la base de nuestra formación, que recuerdos, es que eran tan ricos y nos acercaron de una manera muy sutil a la buena literatura. Hoy he recordado la "Carta a Gertrude" de Lewis Carroll, "La Plapla" o Dailan Kifki de Maria Elena Whalsh y hay un texto que venía casi al final del libro de tercero cuarto grado que creo que se llamaba "Una lección inolvidable" o algo por el estilo, recuerdo que trataba de un niño que había sacado una baja calificación y no sabía como decírselo a su madre, así que toma el consejo de lo que otro amigo hizo para librarse del problema, pero con resultados muy diferentes.

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  4. ¡Cómo no recordar este maravilloso cuento!, me acuerdo que lo pasaron en la tele (no sé si era el canal 11 o Imevisión) pero pasaban caricaturas rusas o checas o de por ahí, y pasaron este cuento y después lo leí en la escuela y le dije a la madre (las maestras eran monjas) "así no termina este cuento, el gigante se muere"...

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  5. @Valeria Esa lectura de "la Lección inolvidable sí está en el blog, más abajito de estos posts.

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  6. Hace mucho que no leía mis libros de primaria, si bien no soy de los 80's
    muchos de esos libros mi hermano mayor si los tuvo, algunos si me tocaron todavía
    vaya, me da tanta nostalgia y alegría el volver a recordar esos momentos, imagínate ya casi salgo de la Universidad...
    Bueno Blog, siguiendo.

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  7. cuantos erores habrán habido en nuestros libros y nunca nos dimos cuenta? en esta historia he ecnontrado uno, :)

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  8. Ya me empezaban a gustar las chicas en esa época......ya me gustaba la niña de amarillo que esta parada............me encantaba.......ja,ja,ja,ja,ja,.......la inocencia....

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  9. MIL GRACIAS POR ESTAS LECTURAS QUE EN LO PERSONAL ME HACEN RECORDAR MI HERMOSA INFANCIA DIOS TE BENDIGA

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  10. Hoy encontre una copia de uno de tus libros en facebook y me lleno de nostalgia que vine a visitar tu blog, gracias porque aunque los años han pasado aun quedan en la memoria esas bellas historias de nuestros libros de primaria

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  11. Yo leía estos libros que pertenecían a mi hermana mayor, aún recuerdo esas historias con mucho cariño y conservo el gusto por la lectura.

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  12. Lo mejor de lo mejor aller hoy y mañana estaran sienpre en esos bellos libros si tienen hijos leanles las historias les en cantaran mi ñi
    na es feliz escuchando las historias

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  13. Siempre lo supuse asi ! Me gusta esta historia

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  14. me encantaria que los bajaras completos son un grato recuerdo me encantaria tener contacto contigo ojala puedas bajar una lecturasolo recuerdo la imagen me parece que habian encontrado una escultura de una señora cargando a su bebe, la historia contaba que habia que daddo bajo tierra para defender a su hijo y se conviertieron en estatuas la verdad no recuerdo muy bien pero tu que tienes los libros me encantaria que las subieras te lo voy a gradecer mucho que dios te bendiga

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  15. Ah, muchacho... Por lo que veo has desistido de continuar con tu blog. Es una verdadera lástima, pero no puedo culparte. Además del trabajo de preparar y escanear las hojas, la labor de investigación que haces con cada texto es dura y pesada. Y a juzgar por lo que dices y el contenido de tu otro blog, seguro que eres papá por lo menos de un niño(a).

    Ojalá en el futuro, cuando tengas un poco más de tiempo, puedas continuar con tu titánica labor. Muchos te estamos eternamente agradecidos por lo que has hecho, y te estaremos aún más si puedes continuar. En caso de que no puedas, ¿no hay posibilidad de que le cedas la estafeta a alguien?

    Un abrazo, amigo. No olvides que habemos miles de nostálgicos que aprendimos a apreciar la buena literatura gracias a nuestros amados libros.

    Roberto L.C.

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  16. recuerdo esta leccccionn .........muchas gracias

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  17. recuerdo esta leccccionn .........muchas gracias

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  18. Noo tendran el libro completo de español de todos los años desde primero a sexto.....esos si eran libros.... adoré el blog me hizo volver a mis épocas más felices....

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  19. Qué bonita página has hecho!! Por cierto, el cuento sí estaba completo en el libro de primaria. Yo me acuerdo muy bien!

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